martes, 20 de junio de 2017

Biografía de una mujer olvidada: Margarita de Navarra

Siglo XVI, Francia. Humanismo, Renacimiento, protestantismo y Reforma son algunos de los principales ejes rectores de la época, y todos ellos influirían sobremanera en la corte del famoso rey francés, Francisco I. De sobra es conocida su obra política, así como los constantes episodios de beligerancia con el emperador Carlos V. Pero detengámonos. Esta no es una historia más de los hombres importantes de la época. Con este artículo queremos introducir al lector o lectora, la biografía de una mujer, que a nuestro juicio, tuvo una relevancia capital, fundamentalmente tanto desde la óptica de la historia cultural y literaria, como de la política.

¿Habéis oído hablar de la duquesa de Alençon, de Berry, condesa de Armagnac, de Perché, reina de Navarra y princesa de la primera rama de Orléans?  A pesar de la sobrecarga de títulos nobiliarios, seguramente siga siendo una auténtica desconocida. Quizás Margarita de Navarra, nombre con el que ha pasado a la historia, suene algo más. Pues no sólo es la hermana del primer Valois, Francisco  I, sino que, también fue un personaje relevante en el ámbito político, social, literario e ideológico de principios del siglo XVI en Francia. ¿Por qué? 

Margarita de Angulema, c.1527, retrato de Jean Clouet


Desde su infancia estuvo muy vinculada con las letras. Tanto su hermano como ella, se vieron inmersos en un ambiente erudito que les ofreció la oportunidad de instruirse en la cultura clásica, aprendiendo tanto el griego como el latín. Sin embargo, Margarita puso especial interés por el estudio de otras lenguas, destacando entre ellas el alemán, el castellano, el italiano y el hebreo. Gracias a dicha formación, Margarita tuvo un papel relevante dentro de la corte, dado que su hermano confió los asuntos de la diplomacia extranjera en su persona.

Llama la atención que en aquella época una mujer tuviera un rôle tan activo en la corte de Francisco I, una de las más importantes de Europa. No obstante, esta situación no resulta tan extraña, ya que con la llegada del Renacimiento, muchas mujeres destacarían tanto en el ámbito político como en el cultural. Por tanto, si atendemos tanto a la historia de género como a la historia política, la figura de Margarita cobra más relevancia si cabe.

Los problemas afloran en la corte francesa. A raíz de la Batalla de Pavía, en 1525, el emperador Carlos V, además de derrotar al rey francés, lo hizo su prisionero. Margarita, ante esta situación, intentó negociar con los embajadores de la Monarquía Hispánica la liberación de su hermano. No obstante, fracasó en el empeño, dado que Francisco I tuvo que firmar un tratado en Madrid en 1526, en el que Francia no resultó nada beneficiada.

Otro de los aspectos a destacar, en su labor como diplomática de la corte, donde continuaba cultivándose y formándose, fue acoger tanto a pensadores como artistas de renombre y situarlos bajo su protección, para que así pudieran desarrollar una prolífica vida cultural. De entre estos destacamos Le Groupe de Meaux, con su mayor representante el poeta Clément Marot. Gracias a su situación privilegiada y a la buena relación con su hermano pudo liberar a algunos escritores de la censura. Entre ellos Erasmus y Léfevre.

Pero no solo fue una mecenas de la cultura de su tiempo, ya que, la propia Margarita, fue una escritora prolífica, que abarcó diferentes géneros literarios, contribuyendo de esta manera, y de forma directa al desarrollo de las letras francesas. Farsas, poesía, prosa, teatro, etc.

Concienciada de la controversia religiosa de su tiempo, Margarita entabló una fuerte relación con el obispo Briçonnet, quien la conduce por el camino de la mística. Gracias a esta amistad y a conocer a Léfevre y a Gérald Roussel, nuestra escritora atraviesa un periodo de inquietud religiosa que la lleva a una reflexión personal que manifiesta en muchos de sus textos.  Entre ellos encontramos el poema: Le Dialogue en forme de vision Nocturne, Chansons Spirituelles, La Navire etc.

En las letras francesas la literatura mística adquiere una gran difusión y repercusión en los siglos XVI Y XVII. Les Prisons es la máxima representación del misticismo de Margarita de Navarra. Los versos reflejan  una articulación de la unión mística en lenguaje paralelo al del amor humano. Este libro, mezclando lo espiritual y autobiográfico, termina con la fusión del alma purificada que llega al momento culminante de la unión mística del alma con Dios.

Con la publicación de Le Miroir de l’âme pécheresse en 1531  la autora vive un episodio amargo en su vida, pues la Facultad de Teología de la Universidad de la Sorbona quiso censurar la obra por ser de tendencias contrarias a la fe católica.



Atendiendo a las fuentes biográficas de la autora y a su obra literaria podemos apuntar que Margarita de Navarra se identifica más con la doctrina protestante, aunque no lo manifestase con total libertad, por ser la hermana de un rey católico.

A pesar de la gran cantidad de poemas escritos por ella, es sobre todo conocida en la historia literaria por su única novela: L’Héptameron. En esta obra predomina la temática de la religión y del amor pero, sobre todo, se caracteriza por la sátira hacia el clero. Destaca también, en los cuentos del Heptaméron, la influencia del platonismo o neoplatonismo, característico de la corriente humanística.

La estructura de esta obra maestra podemos compararla con El Conde Lucanor de Don Juan Manuel en España, The Canterbury Tales de Chancer en Inglaterra y Il Decamerone de Boccacio en Italia. Esta trilogía supuso una reforma de la prosa en Europa a través de nuevas técnicas narrativas.

Dos siglos más tarde, es Margarita de Navarra quien retoma estos precedentes literarios para reformar la tradición narrativa en Francia. De esta forma, abre la vía a un nuevo género: el cuento. Y es considerada la precursora de las técnicas boccacianas en la literatura francesa del siglo XVI.

“Entre autres, je crois qu’il n’y a nul de vous qui n’ait lu les Cent Nouvelles Nouvelles de Boccace, nouvellement traduites d’italien en français […]”

Vemos en estas palabras como en el prólogo del libro la autora resalta la figura de Boccaccio y deja entrever al lector su admiración por este autor italiano.

En definitiva, nos encontramos con una figura que a pesar del ostracismo al que ha sido sometido por la historiografía, resulta admirable el potencial que durante toda su vida desarrolló tanto a nivel político como cultural. Por último, nos gustaría destacar que desde la visión de género su legado cobra mayor relevancia para la historia puesto que, tristemente, la mujer ha sido relegada históricamente a un segundo plano.

Margarita de Navarra, supo desde su condición social privilegiada, romper todos los moldes. Fue capaz de rodearse de los personajes más brillantes de la época, enriqueciendo a las mujeres y los hombres de la corte. Más allá de esto, en una sociedad tan patriarcal, ella se atrevió a escribir y publicar textos sorteando incluso intentos de censura por parte de la Universidad de la Sorbona.

Es fácil andar cuando el camino es visible; lo más difícil consiste en atravesar ese camino a partir de nada. Margarita de Navarra, gracias a su espíritu abierto y decidido, es una de las primeras mujeres de su época en abrir el camino hacia la emancipación de las mujeres. Contribuyó así a la edificación de la cultura de principios del siglo XVI y a la cultura venidera. 

Jardín de Luxemburgo, París


Bibliografía

Balmas, E., Giraud, Y. et  Pichois, C. Littératurefrançaise. Paris: Arthaud, 1986.

Caso, A. Las olvidadas. Barcelona: Planeta, 2005.

De Navarre, Marguerite. HeptaméronEd. Simone de Reyff, Paris: Flammarion, 1982.

Martínez, Caridad, “La Narración” Historia de la Literatura Francesa, ed. Javier del Prado. Madrid: Ediciones Cátedra, 2009, páginas 241-267.

Múgica, M. Margarita de Angulema. Pamplona: Gobierno de Navarra, 2015.

Timmermans, Linda. L’accès des femmes à la culture sous l’Ancien Régime. Paris: Honoré Champion, 2005.



Sobre la autora



Inés Mestre Jiménez

Graduada en Estudios Franceses por la Universidad de Sevilla, promoción 2010-2014, centra su interés en la literatura e historia moderna y la cultura francófona.

De vocación docente, realiza una estancia de ocho meses en Dijon como auxiliar de conversación. Actualmente cursa el Máster en Profesorado en ESO, Bachillerato, F.P o Enseñanza de Idiomas (Especialidad: francés).

martes, 6 de junio de 2017

Franco y el Pop

“¿Y a mí qué me importa Franco?” Cuéntame cómo pasó.


La Guerra Civil y la larga dictadura franquista son los hitos más traumáticos de nuestra historia contemporánea, y este trauma se refleja, como no podía ser menos, en el séptimo arte, siendo estos hitos históricos temas estrella dentro del cine español, tanto es así que en buena parte de la mentalidad popular estas representaciones retrospectivas han pasado a ser consideradas como clichés dentro de nuestro cine.

El presente artículo quiere servir de reflexión sobre los cambios que se han ido fraguando en los últimos años en cuanto al tratamiento de la Guerra Civil y el franquismo en el cine y las series de televisión. Esta reflexión parte en gran medida de la crítica a la teoría del historiador Vicente Sánchez-Biosca, que afirma que la corriente que consiguió imponerse como canónica en cuanto a la representación de estos temas en la pantalla, ha ido perdiendo fuerza ante una nueva tendencia que considera bastante inapropiada. Según el citado autor, la tradición clásica que se solidificó durante la Transición, la centrada en retratar con un lenguaje muy dramático la desolación de la Guerra Civil y los años más duros del franquismo, ha ido siendo desplazada por una tendencia distinta, centrada en una década que había carecido de interés para el cine, la de los 60. En opinión de Sánchez-Biosca, la nueva tendencia, interesada en la época aperturista del régimen, se desprendería, pues, del elemento sórdido y tremebundo, mirando de una forma más amable, creando, en definitiva, una atmósfera mucho más rosa que intentaría llamar a la nostalgia. Además, causa especial alarma en el historiador la toma de protagonismo en estas nuevas ficciones de las referencias a la cultura pop y massmediática como elementos historizadores frente a la pérdida de importancia del contexto político. Este artículo es, en la medida de lo posible, una respuesta a eso, ya que defiendo que estos nuevos enfoques no tienen que estar necesariamente faltos de elemento crítico, además de estar convencido de que el uso de la cultura pop como referente histórico no implica necesariamente una visión falseada y edulcorada de la historia.

Para Sánchez-Biosca, el ejemplo más obvio de la consagración de la nueva tendencia puede verse en el éxito de la serie Cuéntame cómo pasó, que empezó en 2002 y que continúa hasta nuestros días, contando de momento con el considerable número de 18 temporadas. Esta serie se centra en la vida de los Alcántara, una familia de clase media de su época. Es decir, que la serie tiene la aspiración de hacer pasar a sus protagonistas por la típica familia española de estos años, y como bien apunta Sánchez-Biosca, esa característica es la que puede hacer entrañables a los Alcántara a los ojos del telespectador. Se crea, pues, un vínculo con el seguidor de la serie, que querrá verse reflejado en esta familia anónima, y dicho vínculo será especialmente emotivo con el espectador de alrededor de cuarenta y cincuenta años, pues es el niño de los Alcántara, Carlos, el que desde la supuesta actualidad hace de narrador de la historia de su familia, centrándose por ello el relato en la perspectiva de quien era un niño en esos años.


Protagonistas de la serie Cuéntame en la primera temporada

El peligro que advierte Sánchez-Biosca con respecto al éxito de este tipo de ficciones es que crean una memoria falseada y kitsch de la historia, en la que prima el contenido emocional y nostálgico, y en la que toma un protagonismo inusitado el elemento pop en detrimento del contexto histórico, que queda desdibujado y subyugado a la cultura massmediática. Según sus palabras, se trata de un nuevo tipo de representación histórica “que se asienta no sobre los hitos políticos, sociales o ideológicos, sino sobre los fenómenos reflejados por los mayoritarios medios de comunicación y que revela una noción de contemporaneidad y carencia de historicidad respecto al pasado”. Se corre, según él, el riesgo de una relectura histórica del franquismo en la conciencia popular, creándose una nueva visión colectiva “despolitizada” y “desdramatizada” de la dictadura. Las afirmaciones tan alarmadas de este historiador merecen, según mi criterio, cierta revisión.

En relación a esto, Sánchez-Biosca afirma que no es la serie Cuéntame la inventora de esta tendencia popera de la historia, sino que significa la consumación en el espacio televisivo de algo que se venía fraguando en el cine, concretamente en el género de la comedia. Como ejemplo de esto, el autor expone dos películas muy distintas entre sí, a saber,  El amor perjudica seriamente la salud (Manuel Gómez Pereira, 1997), que podría definirse como una comedia romántica de corte sofisticado, y Muertos de risa (Álex de la Iglesia, 1999), una comedia negra con vocación esperpéntica e iconoclasta. Sin embargo, según el autor, estas comedias de tan distinto tipo tienen en común el desplazamiento del contexto histórico-político en favor del elemento pop y massmediático, que desdibuja el relato histórico dándole una falsa apariencia de contemporaneidad.

En la primera de las películas sí que notamos una ausencia absoluta de referencias al contexto político de la época, siendo los únicos elementos contextualizadores las trucadas portadas del ¡Hola!, los anuncios televisivos, y otras plataformas mediáticas de exposición de la admirada high society. Por el contrario, en la película de Álex de la Iglesia sí que son existentes las alusiones al contexto histórico-político, aunque con una peculiaridad que las hace dudosas: todo está pasado por el filtro de la televisión. Esta centralización referencial, por la que la televisión se convierte en el exclusivo instrumento de historización, crearía según Sánchez-Biosca una visión falseada y contemporaneizadora de la historia, algo contrario, según él, a la reconstrucción del pasado.

Pero el uso de la cultura pop como referente histórico no implica necesariamente una visión falseada y suavizada de la historia, y podemos encontrar ejemplos que lo demuestran. Puede compararse a este respecto a Cuéntame con una serie extranjera de referencia ambientada también en los sesenta, Mad Men. Esta serie estadounidense muestra un evidente cariz crítico con esa sociedad americana de los sixties a la vez que usa estos elementos de la cultura pop de masas como referentes historizadores, siendo ejemplo de que este uso no implica necesariamente una visión rosa de la historia.

Centrándonos de nuevo en Cuéntame, más allá del protagonismo de los elementos de la cultura pop, es incuestionable que esta serie sí que usa tono nostálgico, sin embargo, tampoco se puede afirmar que esté totalmente esterilizada de todo componente político, pudiendo encontrar ciertas evidencias de crítica a la dictadura y a la sociedad que regentaba: el miedo a hablar de política en el bar, la militancia comunista del hijo mayor de los Alcántara, un jefe franquista que obliga a los empleados a hacer un donativo a la Iglesia, la constante presencia controladora de esta institución, o el vacío social que los vecinos hacen a una madre soltera, pueden considerarse, de algún modo, como elementos de cierta crítica. También puede ser tomado como crítica el reflejo de las aspiraciones de la familia media española de la época que pasan por cosas como una televisión, un seiscientos, una lavadora, o, simplemente, ir a la playa. Dichas ambiciones, que pueden parecer ridículas e incluso cutres a ojos del telespectador, dejan constancia del atraso comparativo del país. Estas aspiraciones, de hecho, también recuerdan a las de los habitantes de Villar del Río, el pueblo en el que transcurre ¡Bienvenido, Mr. Marshall! (Luis García Berlanga, 1953), así como a las de los improvisados delincuentes de Atraco a las tres (José María Forqué, 1962), y hoy pocos serán los que duden de la carga crítica de esas películas.

Cartel de la película Bienvenido Mister Marshall

Además de esto, puede afirmarse que la relación de la cultura pop con la Guerra Civil y la dictadura no se limita sólo a la intrusión de aquélla en las representaciones cinematográficas de éstas, sino que también desde hace tiempo empezaron a representarse estos traumáticos periodos históricos dentro de los cánones de géneros fílmicos pertenecientes a la cultura popular, como lo son el terrorífico y el fantástico. El alejamiento formal que supone la inmersión en estos géneros con respecto a la corriente más tradicional de representación de la guerra y la dictadura, no supone ni mucho menos la frivolización del relato histórico, sino que los elementos de género son usados de forma metafórica para simbolizar el terror y la monstruosidad inherentes a este negro periodo.

Pese a no pertenecer propiamente al género, El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973) puede considerarse pionera en esta identificación del terror de celuloide con el de un episodio real. En esta película, efectivamente, el horror real de la guerra queda representado a través de un monstruo de ficción: la criatura de Frankenstein, que tanto impresiona a la niña protagonista del filme tras ver la clásica adaptación cinematográfica de la novela de Mary Shelley (James Whale en 1931). Por su parte, el dúo de películas de Guillermo del Toro formado por El espinazo del diablo (2001) y El laberinto del fauno (2006) sí que supuso una inmersión propiamente dicha del tema de la Guerra Civil y la dictadura en los géneros de terror y fantástico, jugando el director en ambas películas a identificar la monstruosidad producto de la fantasía y la monstruosidad real de la que son capaces los seres humanos. Así, las palabras de Guillermo del Toro son toda una declaración de intenciones: “the only real monsters are human, and the only thing you have to be afraid of is people, not creatures, not ghosts”.


Escena de El espíritu de la colmena

Si aparte de todo lo visto hasta aquí añadimos que la antigua corriente cinematográfica, más dramática y centrada en las épocas más oscuras, no sólo no ha desaparecido sino que incluso vivió hace unos años una renovación y revitalización, en el contexto de los debates de la reparación de la Memoria Histórica, no se entiende el alarmismo del historiador Sánchez-Biosca.

En definitiva, con este artículo intento mostrar cómo la nueva atención a los sesenta y el protagonismo del elemento pop, no implican necesariamente la imposición de una mirada afable o condescendiente al franquismo. Es más, el uso de estos nuevos elementos, incluyéndose la propia inmersión en géneros populares como el del terror y el fantástico,  pueden servir incluso para hacer crítica desde nuevos ángulos, presentando unos nuevos y muy interesantes horizontes a la hora de representar la Guerra Civil y el franquismo en la pequeña y en la gran pantalla.

Bibliografía
Sánchez-Biosca, V. (2006). La memoria impuesta: el consumo reciente de imágenes del franquismo. En V. Sánchez-Biosca, Cine de historia, cine de memoria: la representación y sus límites (p. 65-84). Madrid: Cátedra.

Kermode, M: “Guillermo del Toro” Guardian, 21 November 2006. Interview. Disponible en: <http://www.guardian.co.uk/film/2006/nov/21/guardianinterviewsatbfisouthbank?INTCMP=SRCH>



Sobre el autor:

Moisés Hidalgo García

Fundador de la Start-Up La Odisea de la Historia. Licenciado en Humanidades en la Universidad Pablo de Olavide, especializado en gestión y técnicas informáticas para Archivos, bibliotecas y bases de datos. Realizó además el Máster Historia de Europa, el Mundo Mediterráneo y su difusión atlántica: Métodos, Teorías y Nuevas Líneas de Investigación (1492-2000) de la Universidad Pablo de Olavide, y actualmente realiza su doctorado en la misma universidad en la que investiga sobre los procesos de democratización en el mundo rural.

martes, 30 de mayo de 2017

Locos, rebeldes y revolucionarios. Un acercamiento a los visionarios de la Nouvelle Histoire

En 1962, el físico y filósofo T. Kuhn publicó The Structure of Scientific Revolutions, obra que habría de convertirse en una de las más importantes del siglo XX. La razón es sencilla, Kuhn puso sobre la mesa una idea verdaderamente revolucionaria, a saber, los ciclos por los que pasa la ciencia en su cambio hacia el progreso. Las grandes teorías e hipótesis están destinadas a sufrir una transformación, algo que a este docto americano gustaba llamar “cambio de paradigma”.  Dichos cambios no están libres de conflictos, pues entre el viejo y el nuevo paradigma suele existir siempre un abismo insalvable. Solo hay que recordar, a modo de ejemplo, los numerosos problemas a los que tuvo que enfrentarse Galileo por su teoría heliocéntrica o las críticas que, aún hoy día, soporta la magnífica obra On the Origin of Species de Darwin.


Galileo acusado ante el tribunal de la Santa Inquisición, por Joseph-Nicolas Robert-Fleury. Siglo XIX

El progreso, como bien decía Kuhn en su obra, no es lineal, no es uniforme. La ciencia y la investigación avanzan gracias a la transformación, la crítica y la destrucción de parámetros que se han seguido con fe ciega durante siglos. Esta teoría no sólo es aplicable a las ciencias puras, sino a todas las demás disciplinas que se ocupan del estudio del ser humano, como la antropología, la sociología, la psicología, la lingüística o la historia. Todas ellas forman un conjunto único que no debe ser separado ni por la mano del hombre ni por la de cualquier dios, porque si hay un cambio de paradigma importante en la historia y su forma de verla ese es el protagonizado por la Nouelle Histoire. Si algo hizo este nuevo paradigma fue despertar del ensueño arcaico a muchos historiadores que pensaban que la historia era únicamente la crónica de los grandes sucesos y los grandes personajes.

Desde la época de Heródoto y Tucídides, la historia que se escribía en Occidente era una amalgama de géneros sin sentido centrados en la acumulación de datos: la crónica monástica, la memoria política, el tratado de antigüedades, etc. Todos ellos se postularon como la forma dominante de recordar y analizar el pasado. Las grandes gestas de reyes y militares, las grandes batallas y los hechos particulares llenaron las páginas de los libros de historia, haciendo creer que la única forma de estudiar, investigar y enseñar historia era aquella diletante pedagogía elitista. No obstante, las voces de disenso no tardaron en oírse. Durante la Ilustración, ya algunos intelectuales señalaron la importancia de la historia social y cultural dentro de las investigaciones de los estudios históricos. Algunas obras tan importantes como The History of the Decline and Fall of the Roman Empire de E. Gibbon, ya integraban historia sociocultural dentro del discurso de la historia política. Sin embargo, habría que esperar a finales del siglo XIX para encontrar verdaderas reflexiones sobre la “historia de abajo”, es decir, la historia popular y de las mentalidades. Michelet, el gran historiador francés, pedía, por ejemplo, una historia con un carácter mucho más integrador: “La historia de aquellos que sufrieron, trabajaron, decayeron y murieron sin ser capaces de describir sus sufrimientos”.


El vagón de tercera clase, por Honoré Daumier. 1864


A finales del XIX se había iniciado el cambio de paradigma. Una nueva forma de hacer historia estaba naciendo gracias a la integración de las diversas disciplinas como complemento y sustento para investigar. Fue F. Simiand, un sociólogo discípulo de Durkheim, quien advirtió la necesidad de derribar los tres ídolos de la crónica histórica: el “ídolo político”, obsesionado por narrar hechos políticos y militares, el “ídolo individual”, marcado por la excesiva preocupación puesta en grandes hombres y, por último, el “ídolo cronológico”, o sea, la obcecación de ciertos historiadores de escribir su historia desde los orígenes de la humanidad. Estos tres grandes ídolos pasarían a ser el objeto central de la crítica de un grupo que marcó un antes y un después en la forma de interpretar la historia, la Escuela de Annales.

El nacimiento de Annales favoreció un avance metodológico con respecto al antiguo régimen historiográfico. Ese ideal de cooperación interdisciplinaria ejerció gran influencia en dos jóvenes que estudiaron en la Ecole Normale Supérieure, que más tarde serían coronados como los padres de la Nouvelle Histoire. Estos jóvenes se llamaban Lucien Febvre y Marc Bloch. Hoy, nadie puede aventurase a hablar de Historia de las mentalidades sin tenerlos en cuenta. Sus estudios, revolucionarios y rebeldes, pusieron de manifiesto la importancia de la psicología y otras disciplinas a la hora de realizar investigaciones sobre las creencias religiosas. Los reyes taumaturgos de Bloch y El problema de la incredulidad en el siglo XVI: la religión de Rabelais de Febvre representaban la viva imagen de la revolución historiográfica, del deseo de romper con el viejo paradigma.

 

Fotografía de L. Febvre y M. Bloch.

Esta inusitada forma de hacer historia generó rápidamente detractores del movimiento. Febvre, Bloch y todos aquellos que iniciaron estudios históricos desde la perspectiva de Annales fueron considerados profesionales poco serios, al no dar la importancia que se merecía a la historia política, al obsesionarse por encontrar nuevos campos de estudio o al desarrollar un análisis de elementos cuantitativos para reflexionar sobre grandes problemas sociales. Los “supuestos desvíos” metodológicos de estos intelectuales rebeldes sentaron las bases de la que hoy conocemos como Historia de las mentalidades, y la que es, a mi parecer, una de las más interesantes e intrigantes formas de acercarse a lo que Michelet tildaría “historia de abajo”, aquella historia de las formas, las estructuras, los pensamientos, las costumbres y las vidas reales de individuos corrientes a los que la historia dejo sin relato, nombre o alma.

Hoy en las escuelas e instituciones de muchos países se sigue imponiendo el antiguo paradigma, porque como se dijo al principio de este artículo, las transformaciones generan abismos insalvables, que habrán de esperar a nuevas generaciones que luchen con ahínco contra los ídolos de los que habló F. Simiand. No obstante, es nuestro deber seguir combatiendo aquel viejo paradigma con los símbolos y riquezas que aquellos locos, rebeldes y revolucionarios, incluyendo a sus seguidores, nos dejaron. ¿Acaso alguien duda de la importancia de Los reyes taumaturgos de Bloch o de El Mediterráneo de Braudel? ¿Hay alguien capaz de obviar la Historia de la locura en la época clásica de Foucault? O para más inri, ¿Hay alguien que ignore la influencia de Annales para con la historia de la mujer, la historia de la infancia y la historia de la vida cotidiana? Seguramente sí, pero entonces debería preguntarse sobre qué paradigma se sitúa, sobre qué principios historiográficos escribe o sobre qué temas le han dicho que escriba aquellos dioses que asocian la Nouvelle Histoire con la locura. ¿Locura? Sí, la curiosa locura de la que hablaba Bertolt Brecht entre versos:

¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros aparecen los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió siempre a construir? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los constructores?
¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue terminada
la Muralla China? La gran Roma
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes
triunfaron los Césares? ¿Es que Bizancio, la tan cantada,
sólo tenía palacios para sus habitantes? Hasta en la
legendaria Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían,
gritaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos.
¿No llevaba siquiera cocinero?
Felipe de España lloró cuando su flota
fue hundida. ¿No lloró nadie más?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años
¿Quién
venció además de él?
Cada página una victoria.
¿Quién cocinó el banquete de la victoria?
Cada diez años un gran hombre.
¿Quién pagó los gastos?
Tantas historias.
Tantas preguntas.

Bertolt Brecht
 (Preguntas de un obrero que lee)

Bibliografía

Burke, P. The French Historical Revolution. The Annales School 1929-1989, Stanford: Stanford University Press, 1990.

González Lopo, D. “Historia de las mentalidades. Evolución historiográfica de un concepto complejo y polémico”, Obradoiro de Historia Moderna 11, (2002): 135-190.

Kuhn, T. S. La estructura de las revoluciones científicas, Madrid: Fondo de Cultura Económica de España, 2005.


Simiand, F. “Méthode historique et sciences sociales”, Revue de Synthése Historique 6, (1903): 1-22.

Imágenes

1ª Imagen:
https://www.google.es/search?q=Galileo+acusado+ante+el+tribunal+de+la+Santa+Inquisici%C3%B3n&client=firefox-b-ab&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiUpJbovZLUAhXHVRoKHTssA2UQ_AUICigB&biw=1366&bih=635#tbm=isch&q=Galileo+robert+fleury&imgrc=OE6mdKmcMi8EiM:

2ª Imagen: www.wikipedia.org

3ª Imagen:  www.wikipedia.org

4ª Imagen:  www.wikipedia.org

Sobre el autor:

Carlos Jiménez Barea

Fundador de la Start-Up La Odisea de la HistoriaGraduado en Humanidades por la Universidad Pablo de Olavide con especialización en Historia Antigua y Arqueología. Más tarde realizó el Máster en Estudios Históricos Avanzados. Especialidad Historia Antigua en la Universidad de Sevilla, finalizando sus estudios con una investigación sobre la religión y el poder en la figura de Plinio el Joven. Actualmente realiza también su doctorado en la misma universidad, donde desarrolla una investigación centrada en la religión romana durante los siglos I y II d.C. La historia es su pasión y también le dedica horas en su tiempo libre. Le entusiasma leer a Heródoto, escribir poesía y buscar conexiones entre la filosofía y sus series favoritas. 


martes, 23 de mayo de 2017

Tres personajes para comprender la bohemia española: Alejandro Sawa, Valle-Inclán y Max Estrella

“¿Qué es lo que lleva dentro del corazón, qué pájaro azul de locura late en el cerebro de los muchachos que se alistan bajo la bandera lamentable de la bohemia?

Emilio Carrere, El bohemio (1)

Si preguntaran a alguien que describiera cómo es un bohemio probablemente diría algo parecido a un hipster de hoy en día, o alguien que no se arregla, o un vividor. Pero hay que ir mucho más atrás para poder imaginarnos a un verdadero bohemio. En España, hacia la segunda mitad del siglo XIX, un grupo de personas relacionadas con el mundo del arte se hacen llamar bohemios. Aspiran a convertirse en escritores, músicos, artistas que dejan de lado la normalidad de un trabajo de oficina para luchar por unos ideales y vivir del arte.

La bohemia es una época que se sitúa entre el Romanticismo y el Modernismo, aúna el sentimiento apasionado del romántico con el comienzo de los nuevos horizontes que llevan al simbolismo y al modernismo. Comienza a tener vida a finales del siglo XIX, en los núcleos urbanos de las grandes ciudades europeas, en plena industrialización y cerca del fin de siglo. Surge como resultado de las tertulias en los cafés, salones, los teatros, debates literarios donde se hablaba un lenguaje diferente. Se fragua en el Barrio Latino de Paris donde los artistas viven -o malviven- en buhardillas inhabitables sobreponiendo ante cualquier cosa el Ideal del arte y sus sueños por consagrarse como grandes escritores, dramaturgos, pintores, músicos, como refleja Henry Murger en su Escenas de la vida bohemia. En España esto se traslada a Madrid, a las calles que aparecen en El frac azul de Pérez Esrich o en Declaración de un vencido de Alejandro Sawa, cuyos protagonistas representan a aquellos provincianos que están dispuestos a perderlo todo en la gran ciudad para poder vivir de su obra al modo de Verlaine o Victor Hugo.


El café de Montmatre, Santiago Rusiñol (1890)

La bohemia del siglo XIX no se entiende sin el contexto socio-histórico de la época. Revolución Industrial, auge de los centros urbanos, fábricas, el papel de la burguesía contra el proletariado. En la España de Cánovas y Sagasta, un bohemio era un hombre mal vestido, que se atreve a cuestionar los valores de la sociedad mediocre y conformista, una sociedad que está sumida en el convencimiento de que nada puede cambiar. El bohemio, por su parte, aspira a un mundo mejor a través del arte, ese territorio utópico del que la sociedad se desentiende. Pero la bohemia no es solo arte y literatura, sino, como dice el profesor Manuel Aznar Soler, la bohemia es una respuesta a la inadaptación social, una protesta romántica e individualista que reivindica la libertad y muestra su rechazo hacia la mentalidad burguesa dominante. Viven al margen de las convicciones sociales y luchan por la libertad artística.

Es una época que puede pasar desapercivida, pero lo cierto es que de esta bohemia finisecular tenemos una larga lista de escritores, aún muy desconocida. En este artículo solo se va a hablar de dos referentes para comprender un poco mejor la bohemia española: Alejandro Sawa y Valle-Inclán. Y donde caben dos, caben tres, nada más y nada menos que Max Estrella, el protagonista de Luces de bohemia, un personaje que crea Valle-Inclán a raíz de su relación, amistosa y de admiración, hacia el gran bohemio de la literatura española, Alejandro Sawa.

Numerosos estudios sobre la relación entre ambos escritores están de acuerdo en que existía una gran amistad. Alejandro Sawa representa el prototipo por excelencia del bohemio del siglo XIX. Nace en Sevilla en 1862, crece en Málaga y se traslada a Madrid para consagrarse como escritor. Vivirá en Paris algunos años, lo que le marcará a nivel personal y en su carrera como escritor. Tras su muerte en 1909, se publicará Iluminaciones en la sombra, el diario del escritor sobre su etapa en Madrid y Paris, prologado por Rubén Darío, que sirve de homenaje a las penurias y fracasos de la vida bohemia. La profesora Amelina Correa, a la que tuve el gusto de escuchar en la Universidad de Sevilla, se ha dedicado a recopilar toda esa información desconocida, y necesaria, de Alejandro Sawa como personaje de la bohemia y como escritor de gran valor literario, en la biografía titulada Alejandro Sawa, Luces de bohemia.

Sawa, entre el mundillo literario de Madrid,  no pasaba desapercibido y, aunque Valle-Inclán fuera el único de la generación del 98 en admirar al escritor andaluz, otros como Ramón Gómez de la Serna y el propio Rubén Darío le guardan un fuerte respeto, tanto por su presencia bohemia (físico, elegancia, maneras de vestir), como por su obra. Cuando en 1879, este joven de Málaga llega a Madrid, poco a poco se va introduciendo en la vida literaria de la capital. Comienza a trabajar en el Ministerio de la Gobernación gracias a Ramón de Campoamor y a relacionarse con figuras importantes del mundo cultural e intelectual de la ciudad. Colaborará como redactor en diversos periódicos de la época como El Globo o El resumen. A modo de una novela de Galdós, se va conformando el personaje literario. 



Alejandro Sawa

Si pudiesemos asomar la cabeza en uno de los cafés en los que debatían sobre poesía estos esctritores bohemios veríamos, deslumbrante, esa presencia bohemia de Sawa «con el romanticismo metido hasta el tuétano de los huesos, y voluntario denodado de las huestes de la bohemia lúgubre, de la bohemia báquica, de la bohemia pobre y de la bohemia dorada» (2) y, por otro lado, veríamos esa barba kilométrica de Valle-Inclán, testigo de todo ese ambiente que reflejaría en Luces de bohemia.

Pero Alejandro Sawa no solo se ha convertido en el referente de la bohemia porque iba romantiqueando por los cafés, publicando en peródicos, escribiendo algunas novelas y luchando por la libertad del arte, sino porque su forma de morir ciego, casi sin dinero, vendiendo muchas de sus pertenencias, dejando a su mujer y su hija desamparadas, es una forma de morirse digna de un artista bohemio. Un final trágico que le revolvió a Valle-Inclán y que le hizo escribir una emotiva carta a Rubén Darío,

Querido Darío:

Vengo a verle después de haber estado en casa de nuestro pobre Alejandro Sawa. He llorado delante del muerto, por él, por mí y por todos los pobres poetas. Yo no puedo hacer nada, usted tampoco, pero si nos juntamos unos cuantos algo podríamos hacer. Alejandro deja un libro inédito. Lo mejor que ha escrito. Un diario de esperanzas y tribulaciones. El fracaso de todos sus intentos para publicarlo y una carta donde le retiraban la colaboración de sesenta pesetas que tenía en El Liberal, le volvieron loco en sus últimos días. Una locura desesperada. Quería matarse.

Tuvo el final de un rey de tragedia: loco, ciego y furioso. (3)

En 1910 se publica ese libro inédito que deja el fallecido, Iluminaciones en la sombra, que, junto con Luces de bohemia son el resultado del homenaje que le rinde Valle-Inclán a su admirado escritor y amigo.

Pero, este Valle-Inclán, entonces, ¿es bohemio o no lo es? Es una pregunta que necesitaría una amplia investigación aún hoy en día, puesto que hay muchísimos estudios sobre lo bohemio del escritor gallego. Algunos afirman que nunca perteneció a ese grupo de vagos vividores que no dejan rastro de su obra. Otros, como José Esteban defiende la necesidad  de apreciar las relaciones entre «el escritor gallego y tan singular y curioso movimiento».


Valle-Inclán

Lo que sí es cierto que la bohemia de Sawa y la bohemia de Valle-Inclán son diferentes. Con la muerte del escritor andaluz se acaba una forma de ser bohemio y, de alguna manera, Valle toma el asiento que este deja. Sawa enciende la mecha de la bohemia y Valle la continúa, y una muestra de ello es Luces de bohemia.

Los dos autores, además de compartir una original personalidad, comparten la forma de vivir por los ideales, de manera humilde. Sawa admirado pero también rechazado, y Valle como heredero de una bohemia heroica, según Ernesto Bark, en decadencia. El legado que dejan estos escritores y su presencia en la bohemia es clave para comprender este movimiento, esta forma de vida. La búsqueda de la belleza, la poética, junto con la denuncia política y social y la empatía hacia los más desfavorecidos ponen en la bohemia el listón muy alto y el agradecimiento eterno de aquellos que son capaces de colocar delante la obra que cualquier privilegio.


“Mi nombre es Máximo Estrella. Mi seudónimo, Mala Estrella. Tengo el honor de no ser Académico”
Máximo Estrella en Luces de bohemia

Si se le ha dado anteriormente gran importancia a la muerte de Alejandro Sawa es debido a que, según la crítica, es el motivo, aunque no el único, de la creación del personaje de Máximo Estrella de Valle-Inclán. La presencia tanto de Sawa como de Valle-Inclán en el personaje literario representa la unión entre estos autores tan parecidos y tan diferentes.

Luces de bohemia se escribe en 1920 y se publica, como obra escrita, en 1924 con algunas variantes. Se encuadra en un marco cronológico muy significativo: se recuerda la Semana Trágica de Barcelona de julio de 1909, las actividades de los modernistas, la fuerza de la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores), el aumento del paro obrero, la huelga revolucionaria de 1917, las ajetreadas callejas de Madrid y Barcelona, entre otros acontecimientos importantes que convulsionan en este periodo. El espíritu de cambio de siglo y qué será de la literatura después de la trágica muerte de su amigo, inspiran esta obra teatral que constituye un referente en la literatura española y el incipiente nacimiento del esperpento valleinclanesco. La acción se desarrolla desde un atardecer hasta la mañana siguiente en quince escenas. Se mueven por ese Madrid de principios de siglo un gran número de personajes de diferentes estamentos sociales: escritores, bohemios, poetas modernistas, serenos, guardias, obreros, burgueses.

Valle-Inclán escribe esta obra no solo como ese homenaje que le debe a su amigo, sino como una manera de poder reflejar la decadencia de la situación en España, los últimos bohemios y el modernismo que despunta en el nuevo siglo. Son varios los escritores que aparecen en esta obra: Dorio de Gádex o Ernesto Bark son dos ejemplos. Las constantes referencias hacia la vida bohemia, la forma de vivir, reflejan la influencia de la vida del autor en la obra.

El paralelismo de Alejandro Sawa y Max Estrella no se da únicamente en la forma de morirse. Alejandro Sawa tiene una mujer y una hija (Jeane Poirier y Elena), al igual que el personaje literario (Madamme Collet y Claudinita) y está ciego de la misma manera que lo está el escritor andaluz. Pero en ocasiones, este paralelismo se desvía también a Valle-Inclán. A veces el propio Valle-Inclán es el que se transfigura en el bohemio protagonista. Es el Valle-Inclán rebelde y revolucionario, que ataca y se burla de la autoridad. Gonzalo Sobejano, uno de los estudiosos sobre Valle-Inclán, apunta no solo la presencia de Sawa y de Valle en el protagonista bohemio, sino también en la constante comicidad grotesca, un nuevo reflejo de la sociedad y el tono irónico de la obra. Además está presente la sátira, el sarcasmo y, con ello, la elegía. En el sentido de ese tono como si fuera una despedida a un mundo caduco: los bohemios por los modernistas, la bohemia decadente y la bohemia que desaparece con la muerte del poeta.


Ramon Canudas, enfermo convaleciente, Santiago Rusiñol (1892)

Dos escritores mitificados en un personaje literario que sirve para comprender la situación decandente de la España de principios del siglo XX, así como de la literatura. Nos quedará la bohemia y los bohemios, la pasión por el arte y la literatura y nos quedará Max Estrella como una posibilidad de abrir una vía para ver la bohemia como una expresión de la disconformidad ante un orden, pero también una forma de vida que cree en la búsqueda de la belleza.


(1) Esteban, José, Valle-Inclán y la bohemia, Renacimiento, 2014. 
(2) Cita recogida de Correa, Amelina, Alejandro Sawa, luces de bohemia, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2008 pp 65-66: París, Luis, Gente Nueva, pp. 103-104.
(3) Carta de Ramón del Valle-Inclán a Rubén Darío, marzo de 1909. Esteban, José, Valle-Inclán y la bohemia, Renacimiento, 2014, p. 33.



Bibliografía

Correa, Amelina, Alejandro Sawa, luces de bohemia, Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2008.
Esteban, José, Valle-Inclán y la bohemia, Sevilla, Renacimiento, 2014.
Phillips, Allen W., Alejandro Sawa, mito y realidad, Madrid, Turner, 1976.

Webgrafía de Imágenes
http://reproarte.com/images/stories/virtuemart/product/rusinol_santiago/el_cafe_de_montmartre.jpg
https://savonarolamiscelanea.files.wordpress.com/2013/10/retrato-de-sawa-2.jpg?w=640
http://7www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/f70/5df/f705df2325fb2e2906d8de4725b4c6b6/la-fabulosa-muerte-de-valle-inclan.jpg?mtime=1451910772
https://lh3.googleusercontent.com/-lKEwvxSgtYU/VbJsCaw1NqI/AAAAAAADSz0/rIgRw-avYts/s512-Ic42/04SantiagoRusi%2525C3%2525B1ol-Ramon%252520Canudas%25252C%252520convaleciente_1200x1600.jpg

 Sobre la autora
Nuria González
Graduada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Desde que comenzó la carrera, su interés se centra en la literatura, sobre todo, siglo XIX y literatura contemporánea. También presenta un gran interés por la literatura hispanoamericana y el teatro, lo que le llevó a profundizar más en su Trabajo de Fin de Grado sobre Roberto Arlt. Este próximo curso finalizará el Master de Estudios Hispánicos Superiores, en la misma universidad.